el río (diego villaseñor)
a iz, motivo y casa.
el silencio es el hijo pródigo
de dos que se miran
con la mirada industriosa
de esos mismos dos que con los ojos
riegan su jardín
en el pecho de dos que se miran
podría cantar el pájaro azul
pero no canta
en el pecho de dos que se miran
se baña el pájaro y se baña
el azul
y se baña el fuego y las tardes
de hormigón y embotellamiento
donde dos se miran con el silencio
saltándoles de un labio a otro labio
se asoman la tuna y la guayaba
y se asoman los días viejos con
todas sus rejas para ver
que entre esos dos que se miran
no hay candado ni alambre ni tranca
que entre esos dos revienta la ola
y se va siseando como una culebra blanca
y marina y muerta de pena
por el escándalo
y por la imprudencia
en el pecho y en las bocas de dos
que se miran y no se dicen
ni todo
ni amada
todo está muy dicho
y muy bien dicho
y por eso calla ella
y él calla
callados como están
dos que se miran
como se miran dos
que se miran con el pecho
tienen en calma las lenguas
pero vuela la parvada
de garzas y un sobresalto
le eriza la crin a la yegua
y al potrito tartamudo
de las ancas
esos que se miran
y parecen callados
no saben
no se dan cuenta
de las ramas convulsas
y de los dientes de león
que se quedan calvos
porque ellos callan
y creen que no dicen
nada
sin saber
que están poniendo
el río
en el cielo.



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